L’illusionniste

No puedo evitar recomendar aquí, en este blog, una de las películas más bellas que he tenido la ocasión de ver.

Se trata de L’illusionniste, una película de animación basada en un guión de JacquesTati, que se desarrolla en Francia, Londres y, sobre todo Escocia. Fue dirigida por Sylvain Chomet, quien también trabajó y adaptó el guión de Tati y compuso la música.

En ella, un mago, Tatischeff (en realidad es Monsieur Hulot, el personaje que Tati creara anteriormente, y que ya conocemos de películas suyas Mi tío, Las vacaciones de Monsieur Hulot…) trata de cumplir los deseos de una joven, que piensa que las ilusiones del mago son verdadera magia y no simples trucos.

La película, pienso, es de una belleza conmovedora, no solo por los bonitos dibujos o por la música, sino también por la historia que se cuenta, y su final.

Aquí os dejo el trailer:

Martí Quinto 1978 – 2013

El Centro del Carmen acoge estos días, hasta el 12 de enero, una exposición de dibujos y pinturas del artista Rafael Martí Quinto: Martí Quinto 1978 – 2013.

En la exposición aparecen obras que ilustran el recorrido artístico del autor: unas primeras obras que datan de 1978 – 1980 – 1983, entre las que se encuentran algunos dibujos, obras referidas al placer de leer, u obras más diferentes y provocadoras; obras del año 1999 en las que aparece la seriación y obras de los años 2001 – 2004 – 2006, centradas en lo urbano cotidiano narrado desde cierta distancia.

En cuanto a las pinturas expuestas he de decir que me llevé una agradable impresión. Me gustaron especialmente las referidas al placer de leer, por el tema y la forma de narrarlo, y las de los años 2001 – 2006, especialmente por los colores elegidos y sus combinaciones. Estas últimas pinturas personalmente me recordaron a Cézanne.Image

 

RAFAEL MARTÍ QUINTO: “Luz de la mañana II”

2002. Óleo sobre lino. 54x65cm

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PAUL CÉZANNE: “La montaña Sainte-Victoire vista desde Lauves”

1904-06. Óleo sobre lienzo. 60x72cm

 

También me gustaría hablar de la forma en que está montada la exposición. Ésta se sitúa en un espacio del convento que era el antiguo dormitorio de los monjes y que ha sido recientemente restaurado (yo no lo había visitado todavía).

Pienso que es una buena manera la forma en que se organiza la exposición: unos paneles puestos en diagonal con respecto a las pareces de la sala. Esta forma de colocar la exposición permite que se pueda contemplar tanto ésta como las paredes del dormitorio, que contienen algunas pinturas (o restos de ellas) y alguna hornacina. Las diagonales que crean los paneles cambian de dirección en la mitad de la sala, de manera simétrica, cosa que me parece menos adecuada para el tipo de exposición además de que queda un tanto forzada, bajo mi punto de vista.

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La iluminación pienso que es otro logro ya que se sitúa colgada de las grandes vigas del bello techo de madera, e ilumina de forma tangencial las obras, sin deslumbrar, sin crear sombras molestas y permitiendo a la vez contemplar la estructura de la arquitectura de la sala sin causar un impacto negativo.

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Los paneles son todos blancos. Pienso que es una buena elección porque es muy acorde con la sala (las maderas de techo y suelo y las paredes decoradas) y con la sencillez de la exposición (a la que colaboran los sencillos marcos y las cartelas, también blancas, con letras negras). También creo que ayuda a apreciar muy bien los colores de las pinturas de los años 2001 – 2006. No ayuda tanto a pinturas anteriores aunque tampoco pienso que les sea negativo. 

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En cuanto a la organización de las pinturas, pienso que es muy adecuada ya que permite seguir la trayectoria del artista y contemplar las obras agrupadas en un panel u otro según temática. 

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invierno

Aprovechando que hoy es la llegada del invierno, aquí os traigo una audición que trata sobre dicha estación. Es el concierto para solista (violín) de A. Vivaldi: Invierno.

Vivaldi fue un compositor italiano, de finales del barroco, al que, en la historia de la música, se le ha tratado siempre como uno de esos compositores puente entre el barroco y el clasicismo.

¿Por qué? Por que tiene recursos que se utilizaron en ambas estéticas. Es habitual encontrarnos con compositores (y en general, artistas de otras disciplinas) que pertenezcan a “ambos mundos”. Pensad que una corriente artística no desaparece el último día del año y empieza otra al día siguiente. Las cosas van evolucionando, o mejor, cambiando, ya que no podemos admitir que un estilo posterior sea más avanzado que el anterior solo por estar después en el tiempo.

Volvamos a Vivaldi y a estos rasgos que lo hacen medio barroco, medio clásico. Rasgos barrocos son la presencia del bajo continuo (escuchad el clave) que desaparecerá en el clasicismo. La teatralidad, retórica y dramatismo de la obra. La forma (estructura general en la que se organiza la obra), que escapa a la rigidez formal clásica. El género de la obra que es un concierto de solista, un género barroco que perdurará en el clasicismo con una forma un poco diferente. Rasgos clásicos son menos, pero importantes: la sencillez armónica (o de los acordes), es decir, utilización de pocos acordes de diferentes tipos. La claridad y estabilidad armónica, es decir, la no confusión por no saber muy bien qué está pasando con la armonía. El planteamiento de melodía acompañada, ya que, en general, el acompañamiento pasa a un segundo plano y se organiza en acordes que llevan todos el mismo ritmo.

Con respecto a la obra, me gustaría decir un par de datos:

Al contrario de lo que muchos piensan, las cuatro estaciones de Vivaldi son cuatro conciertos para solista diferentes y no varios movimientos de un solo concierto. Esto quiere decir que son conciertos independientes agrupados por su temática, pero por nada más (no comparten material musical entre ellos).

El concierto para solista era uno de los géneros más importantes del barroco. Vivaldi trabajó profusamente este modelo de concierto. Sus solistas solían ser violines (aunque tiene una gran cantidad de conciertos para otros instrumentos) ya que el violín era el instrumento de moda del barroco: se acababa de inventar (hacia 1600) y ofrecía mejores posibilidades que los instrumentos de cuerda pulsada renacentistas (más potencia de volumen, más agilidades técnicas, más facilidad de lectura y recursos diferentes y nuevos).

Además, estos conciertos de Vivaldi, Las cuatro estaciones, fueron de los primeros ejemplos de música programática. La música programática es aquella que intenta trasmitir al oyente una sensación extramusical, es aquella que está basada en alguna historia o hecho fuera de la propia música, e intenta transmitirlo. El punto de esta música está en que no se trabaja directamente sobre una idea musical sino que se trabaja sobre una idea de otro tipo (literaria, de la naturaleza, histórica) y en función de esta idea no musical el compositor crea una música que hace referencia a dicha idea. En este caso quiere transmitir la sensación de invierno y para ello utiliza los trinos del principio, muy dramáticos, haciendo referencia al resbaladizo hielo.

En el barroco hay algunos ejemplos de música programática, ya que daban mucha importancia a la teatralidad, aunque puede que no se plantearan mucho la idea de “programático” y la diferencia musical y filosófica (estética) que existe entre ambos conceptos de música. Será en el romanticismo y postromanticismo cuando este tipo de obras triunfen, y se tenga una conciencia de esta diferencia, creándose verdaderas disputas filosóficas en torno a qué tipo de música era “la verdadera”. El pistoletazo de salida lo dio Beethoven con su sinfonía sexta, Pastoral, y a partir de ese momento comenzaron las disputas entre los defensores de la música pura y los de la música programática. Hay muchos ejemplos de programática: desde la sinfonía escocesa de Mendelsohn, los poemas sinfónicos de Liszt, las sinfonías de Berlioz, hasta las sinfonías de Mahler (en cierta medida) o los poemas sinfónicos de R. Strauss. Aun hoy siguen existiendo ejemplos de composiciones programáticas.

Un feliz invierno y que disfrutéis del video

See you in hell, Pachelbel

Aquí os dejo un video muy gracioso acerca del famoso –famosísimo– canon de Pachelbel, en el que el comediante se queja del pobre papel tan repetitivo que tienen los cellos y de cómo el canon de Pachelbel le perseguirá durante toda su vida en canciones muy conocidas (que tienen la misma armonía).
El video está en inglés, no he podido encontrarlo con subtítulos en castellano.
Que disfrutéis:

Volver…

Volver...

No es esa la foto que normalmente se elegiría como representante de los recuerdos de un fantástico viaje a Italia: no aparecen los hermosos monumentos ni obras de arte, ni los bellos paisajes…
Aquí aparece la escultura de un jabalí, con el morro pulido de tanto ser frotado, un fondo que recuerda a la parte trasera del mercadillo que ponen al girar la esquina y tres amigas con ilusión y ganas de volver (aunque el dolor en las piernas de tanto patear, de subir la cúpula, ya se nota en las caras)… Con esta foto quien diría que estamos es Florencia…
Cuenta la leyenda (o la sabiduría popular) que si colocas una monedita en el morro del jabalí, la sueltas y ésta cae dentro de una rejillita que hay justo debajo del morro del jabalí, si todo esto se cumple, el destino se asegurará de que vuelvas a Florencia (los Italianos y esto de volver, y la competencia a Roma y su Fontana de Trevi).
Nosotras tiramos la monedita, varias veces, y al final (haciendo trampa y después de muchos intentos) conseguimos que entrara. No sé si será suficiente para que volvamos (encima solamente eran 5 céntimos)
He elegido esta foto por el recuerdo del viaje que evoca en mi: no solo vimos cantidad de cosas sino que lo pasamos en grande, nos reímos e hicimos el loco todo lo que quisimos. La he elegido porque cuando la hicimos estábamos convencidas de que volveríamos y de que nada habría cambiado, y gracias a la foto ese sentimiento nunca ha muerto.

Muerte en Venecia

Quería recomendar un libro que leí hace un tiempo (así que voy a hablar un poco de memoria). Se trata de La muerte en Venecia de Thomas Mann.

Thomas Mann es uno de mis autores preferidos. Fue un escritor alemán de novela psicológica y filosófica. Entre los muchos temas sobre los que escribió este autor se encuentran el arte y la filosofía del arte; de hecho, todos los relatos que he leído de él hablan en alguna medida del arte: Doktor Faustus (un compositor que vende su alma al diablo), La montaña mágica (en la que se abordan muchos temas, siendo el arte uno de ellos, aunque no el más importante), La Muerte en Venecia, Mario y el Mago… Thomas Mann fue galardonado con un premio Nobel (1929) en reconocimiento a su trayectoria literaria.

Esta novela que os propongo es una de sus mejores obras, a mi parecer. No es muy larga, se lee relativamente fácil y sin embargo tiene un gran contenido. Quería hablar de ella aquí porque la novela habla fundamentalmente de la belleza.

El protagonista, Gustav von Aschenbach, un afamado escritor de ordenada vida, viaja a Venecia por un impulso sin mucho fundamento. Allí, en el hotel en el que se hospeda, en la isla del Lido, se aloja una familia polaca, a la que pertenece el otro protagonista de la novela: el joven Tadzio.

A lo largo de la novela, Aschenbach desarrolla un estado de enamoramiento platónico hacia el efebo, que se ve alentado por el mismo joven que parece en parte darse cuenta del estado del artista. El escritor llega a una desfiguración de sus prioridades, de su personalidad y de su físico verdaderamente grotesca. La novela, como su nombre indica, termina con la muerte del escritor,  que presa de la epidemia se entrega a los brazos de la parca con tal de no dejar de contemplar al bello muchacho.

Hay que aclarar que Tadzio es la representación de una belleza casi divina, que no posee ninguna imperfección, todo en él es armonía y equilibrio… El enamoramiento que experimenta el escritor no es tanto a la persona de Tadzio en sí sino más bien a su belleza. Él se queda prendado en primer lugar de la belleza y la gracia de la criatura. Es decir es un enamoramiento de un tipo estético, incluso carnal, pero no tanto sentimental. Además es un amor irrealizable y condenado a ser platónico. Y ahora el cotilleo: ya podéis imaginaros las ampollas que levantó al tratarse de un enamoramiento de un hombre hacia otro, aunque en fundamento la novela no trate en forma principal de la homosexualidad.

En el transcurso de esta narración, vivida desde el punto de vista de Aschenbach, vamos adentrándonos en el universo de lo bello. Es un camino paradójico, pues cuanto más se acerca el escritor al joven (primero fijándose en él, luego sintiendo agrado, posteriormente enamorándose, después cambiando de aspecto y finalmente muriendo por su causa), mientras más se acerca el ser humano al objeto de belleza efímera y divina, más se acerca a su propia destrucción, más se pierde a sí mismo, sustituyendo los principios lógicos y metódicos en los que se sustentaba su vida por otros nuevos, caprichosos… Es increíble como el amor al objeto bello trastorna completamente la existencia del escritor. Da incluso miedo el ver cómo podría verse influida la existencia de uno…

A parte de este camino de perdición, el tema principal es, por supuesto, la belleza. Aquí viene la pregunta: ¿Una cosa es bella porque me gusta, o me gusta porque es bella? O lo que es lo mismo: qué es antes, ¿la belleza o el “placer estético”? La tesis de la novela parece clara: existe el ideal de belleza (Tadzio), existe la belleza y a partir de este principio, viene el placer estético… pero Aschenbach no lo pensaba así antes de conocer a Tadzio. Además, el resto de gente de la playa ¿no se da cuenta de ese objeto de belleza que hay ante sus ojos? Incluso: ¿No sacamos ligeramente la conclusión de que es una situación un tanto exagerada la que se da? ¿Por qué sólo se enamora Aschenbach?

Y aún hay más: si esa belleza natural es de un corte divino, asexuado, casi inhumano, ¿en qué posición deja esto al arte? ¿Debemos abandonar las prácticas artísticas porque solo la naturaleza alcanza la perfección? Recordemos que Aschenbach deja de un lado al arte (su profesión, su vida, su literatura) en favor de esa belleza, perfecta y natural. Inalcanzable. Quizás la respuesta está en que el arte convierte esa belleza efímera en algo duradero e “imperturbable” (Tadzio al fin y al cabo envejecerá) ¿Intenta el arte alcanzar este ideal natural o más bien intenta escapar a la creación natural y crear algo más perfecto e irreal, imperturbable y, en cierto sentido, eterno?

Todas estas reflexiones (y muchas más, que no pongo aquí porque no pararía) surgen de la lectura de este libro.

No puedo dejar de hablar de la película con el mismo nombre del director italiano Luchino Visconti. La película, bajo mi punto de vista, es una maravilla: ritmo lento, tomas largas de la ciudad de Venecia (tanto para los más conocidos paisajes como para los más tenebrosos), mucha imagen y pocos diálogos, música bellísima del adagietto de la quinta de Mahler (según dicen, la persona en la que se basó Mann para crear el personaje de Aschenbach), y una gran interpretación en el papel de Tadzio por el actor Björn Andresen. Una delicia para la vista y para la mente y bastante elocuente a la hora de expresar lo que dice la novela.

muerte en veneciaFotograma de la película.

 

La mirada del gato

La mirada del gato

Acechante, en la oscuridad de los rincones olvidados, se agazapa, espera…

Dueño de sí mismo, de su destino; dueño con dueño y sin dueño, el gato zalamero se pasea por el comedor.

No tiene hambre, pero atrapa las musarañas que entretejen los recuerdos dormidos en las esquinas. No teme, pero se alza paladín en la alcoba atormentada por los sonidos silenciosos. No ama… y sin embargo acaricia las noches con afecto sonámbulo y mudo.

El gato, dueño de la noche, acaricia con su mirada verde las sombras de los sueños mientras en la suavidad de su pelaje gris envuelve la ternura de los suyos propios.

Foto: 9-4-12, mi gata, Missi (2002-12), tras despertarse de su sueño en el sofá.

Dido’s lament

Quería mostraros una obra de Henry Purcell (1659-95), una de mis músicas preferidas. Para los que no conozcan a Purcell: se trata de un compositor del primer barroco musical. Como muchos habréis averiguado por su nombre: era británico. Su prematura muerte truncó el desarrollo de la ópera inglesa, dejándola (como al resto de óperas) fuera del tablero de lucha de las óperas francesa e italiana (la créme de la créme).

¿Por qué digo esto, si Purcell no tiene más que una ópera en sí? Porque esta ópera presagiaba el nacimiento de un estilo operístico único, original y británico, basado en la tradición musical de las islas. No, no me refiero a las banderitas, el Big Ben y God save the Queen (aunque por esa época ya leo muchos títulos de obras que sospechosamente contienen ese vocablo, queen). Me refiero a los anthems (himnos), la música incidental para teatro, la sencillez armónica… Y es que en bretaña, además de patrióticos, siempre han sido muy originales en la historia de la música (y en la cultura, en general).

Os dejo este fragmento, ya que no me atrevo a poneros la ópera entera, por su duración, aunque toda ella es fantástica (los valientes la pueden encontrar en Spotify). Es el lamento de Dido, de la ópera Dido y Eneas. Esta hermosa aria narra las palabras finales de la reina Dido tras la marcha de su amado Eneas, que la deja atrás en Cartago.

El texto de despedida y desconsuelo es cantado con una sencilla, hermosa y triste melodía. La orquesta y el continuo acompañan a la reina en su lamento. Siguiendo la estética barroca, se utiliza la figura retórica del bajo de lamento (el bajo desciende cromáticamente –por semitonos), esta figura significa gran tristeza. Se utiliza la forma de la chacona (a grandes rasgos: repetición continua de una armonía y bajo, mientras la melodía varía).

Os dejo dos videos del mismo fragmento cantados por sopranos diferentes: el primero es de una cantante (Barbara Bonney) que me gusta mucho por hacer generalmente muy buenas interpretaciones de muchos tipos de música, y por su timbre de voz; el segundo pienso que hace una interpretación muy adecuada y la artista tiene una voz muy bonita también. En principio os iba a traer el primero, porque Bonney siempre es una buena apuesta. Pero encontré el segundo y no sabía cual elegir. Los dos son muy bonitos, y exhiben un gran dominio técnico de las cantantes.

Bonney hace una interpretación muy adecuada y muy en estilo, a mi parecer; su voz es muy dulce. Graham me parece más emotiva y dramática, y en esta pieza, opino, va muy bien. Su timbre es un poco más oscuro y es muy adecuado. Y, para los más avezados, los instrumentos del continuo (el acompañamiento básico en el recitativo, al que se le suma la orquesta en el aria) son diferentes. En Bonney, la parte del continuo la hace una tiorba (hablo de oídas), que es un instrumento de cuerda pulsada con un registro grave. En Graham el continuo lo hacen el cello y el laúd que es un instrumento de cuerda pulsada más agudo. La diferencia se nota bastante porque en el de Graham se escuchan mucho mejor las armonías del continuo.

Estaréis pensando: esto del continuo es muy aleatorio, cada versión tiene un continuo diferente. Sí: el continuo (para los que no lo sepan) es una línea melódica de bajo (las notas más graves de una composición, y muy importantes), y debajo del bajo –valga la redundancia– se escribían unos numeritos que indicaban qué armonía había sobre cada nota (los acordes que acompañan a la melodía). No está escrito para instrumentos en concreto, por eso cambia según las versiones. Se hace con un instrumento grave que haga la línea de bajo, como el cello, y un instrumento polifónico que haga los acordes ornamentándolos, como el clave (lo más habitual) o el laúd.

Bien, no era mi intención extenderme tanto. Yo sólo quería mostraros esta preciosa obra, pero no he podido evitar meterme en estos asuntos (me gusta mucho escuchar de forma consciente y que los demás puedan escuchar también de esta manera). Aquí están para quien los quiera leer. Espero no haber sido muy críptica con los términos.

Aquí los videos (antes del aria está el recitativo):

 Aquí la partitura:

 http://conquest.imslp.info/files/imglnks/usimg/d/d8/IMSLP132261-WIMA.189d-Purcell_Dido_s_Lament.pdf

Y aquí el texto:

Inglés

(recitativo)

Thy hand, Belinda, darkness shades me,

On thy bosom let me rest,

More I would, but Death invades me;

Death is now a welcome guest.

(aria)

When I am laid, am laid in earth, May my wrongs create

No trouble, no trouble in thy breast;(x2)

Remember me, but ah! forget my fate,(x2)

Remember me, remember me, but ah! forget my fate.(x2)

Castellano

(recitativo)

Tu mano, Belinda; la oscuridad me envuelve.

En tu seno déjame descansar.

Más quisiera, pero la muerte me invade;

La muerte es ahora una bienvenida visita.

(aria)

Cuando yazga, yazga en la tierra, que mis errores

no causen cuitas a tu pecho; (x2)

Recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino; (x2)

Recuérdame, recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino. (x2)

La publicidad de Camel.

El otro día, después de buscar por Internet para hacer una entrada de publicidad y arte encontré, casi por azar, las imágenes que os mostraré en unos momentos. Me encantaron, tenía que hacer un post sobre ello.

Si nos pidieran que diésemos una definición de publicidad diríamos que son aquellas imágenes, músicas, vídeos, textos… aquel conjunto de “objetos” que se utilizan para dar a conocer un producto y causar una necesidad en el espectador de comprarlo. Si nos ponemos estrictos, no podemos admitir que la publicidad sea un arte pues su objetivo primero no es proporcionar placer estético al espectador sino crear en él un impulso de necesidad hacia el producto anunciado. Este impulso se crea muchas veces con la sorpresa, por eso la publicidad ha de ser llamativa, única y original, para así ganarse la atención del posible comprador.

Se podrá afirmar que la publicidad no es un arte por lo dicho anteriormente (todo se puede discutir), sin embargo no podemos negar que existe una fuerte relación de ambos:

por la búsqueda de originalidad, por la intención de crear determinadas sensaciones (agradables) en el receptor, por los medios en los que se expresa (generalmente imagen o vídeo)…

Constantemente se recurre a la expresión artística en la publicidad, no solo tomando como referentes obras artísticas existentes (pintura, escultura, arquitectura, música, danza…) sino muchas veces también con una intención estética (secundaria, eso sí, lo primero es vender).

El ejemplo que os traigo es del primer tipo: es un tipo de publicidad que se basa en la cita de obras artísticas conocidas, en una reinterpretación de éstas poniendo como protagonista principal el icono de la marca, el camello de Camel. Hay obras que no se pueden rastrear directamente, sin embargo se puede rastrear el estilo o el artista que las habría realizado.

Aquí os las dejo, espero que os gusten:

Referidos a cuadros en concreto:

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El grito. E. Munch.

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Noche estrellada. V. Van Gogh.

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 El dormitorio en Arlés. V. Van Gogh

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El árbol de la vida. G. Klimt.

Referidos a artistas:

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 S. Dalí, L. da Vinci, G. Klimt, F. Botero.

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H. de Touluse-Lautrec, K. Haring, P. Picasso

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 A. Gaudí, J. Miró, P. Mondrian

Referidos a movimientos artísticos:

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Arte prehistórico, Pop art, Expresionismo abstracto, Surrealismo

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 Art nouveau, Arte psicodélico, Cubismo

Y hay muchos más… Os dejo este enlace donde podréis encontrar algunos de ellos:

http://www.camelcollector.com/meave/

La favola d’Orfeo

Aquí os traigo un fragmento de una de las primeras óperas. L’Orfeo de Monteverdi.

Claudio Monteverdi es uno de esos compositores que se encuentran a caballo entre el renacimiento y el barroco. Fue uno de los “inventores” de la ópera. La creación de la ópera es un tema interesante de la historia de la música y es un hito que marca el inicio del barroco.  

Las primeras óperas tenían como referencia directa las tragedias griegas: se pretendía acompañar a las grandes tragedias con una música sencilla, que no estorbara la palabra y que diera más emotividad al discurso. La curiosidad que a mi más me llama la atención es que este renacimiento de las antiguas tragedias griegas se diera en la cronología barroca. Esto mezclado con que el renacimiento no supuso verdaderamente un cambio de paradigma estético con respecto a la edad media (en música), me hace pensar que los términos renacimiento y barroco puede que no estén del todo bien acuñados en la historia de la música. ¿Quizás en música el primer barroco debería haber sido el renacimiento?

Aunque he escuchado mejores interpretaciones de este fragmento (y esta no está del todo mal), este vídeo está muy interesante porque se ven los instrumentos, que son réplicas de los instrumentos del momento: laúdes barrocos, guitarra barroca, las flautas (instrumento poco utilizado normalmente)… Además hay danza en esta representación, cosa que me parece muy adecuada por el tipo de música de carácter claramente bailable. Tengo serias dudas de que se incluyeran partes bailadas en la época, pero se hiciera o no, está dentro de la intención del movimiento. También me gusta porque se ve a los cantantes cantar en recitativo y se escucha la primacía de la palabra sobre la música. Por último, me interesa también porque los coros son muy bonitos e interesantes y muchas veces, cuando se piensa en ópera solo se piensa en las arias de los solistas pero no se piensa en los recitativos ni en el coro; aquí todo son recitativos y coros, y el resultado sigue siendo precioso.

Espero que os guste