invierno

Aprovechando que hoy es la llegada del invierno, aquí os traigo una audición que trata sobre dicha estación. Es el concierto para solista (violín) de A. Vivaldi: Invierno.

Vivaldi fue un compositor italiano, de finales del barroco, al que, en la historia de la música, se le ha tratado siempre como uno de esos compositores puente entre el barroco y el clasicismo.

¿Por qué? Por que tiene recursos que se utilizaron en ambas estéticas. Es habitual encontrarnos con compositores (y en general, artistas de otras disciplinas) que pertenezcan a “ambos mundos”. Pensad que una corriente artística no desaparece el último día del año y empieza otra al día siguiente. Las cosas van evolucionando, o mejor, cambiando, ya que no podemos admitir que un estilo posterior sea más avanzado que el anterior solo por estar después en el tiempo.

Volvamos a Vivaldi y a estos rasgos que lo hacen medio barroco, medio clásico. Rasgos barrocos son la presencia del bajo continuo (escuchad el clave) que desaparecerá en el clasicismo. La teatralidad, retórica y dramatismo de la obra. La forma (estructura general en la que se organiza la obra), que escapa a la rigidez formal clásica. El género de la obra que es un concierto de solista, un género barroco que perdurará en el clasicismo con una forma un poco diferente. Rasgos clásicos son menos, pero importantes: la sencillez armónica (o de los acordes), es decir, utilización de pocos acordes de diferentes tipos. La claridad y estabilidad armónica, es decir, la no confusión por no saber muy bien qué está pasando con la armonía. El planteamiento de melodía acompañada, ya que, en general, el acompañamiento pasa a un segundo plano y se organiza en acordes que llevan todos el mismo ritmo.

Con respecto a la obra, me gustaría decir un par de datos:

Al contrario de lo que muchos piensan, las cuatro estaciones de Vivaldi son cuatro conciertos para solista diferentes y no varios movimientos de un solo concierto. Esto quiere decir que son conciertos independientes agrupados por su temática, pero por nada más (no comparten material musical entre ellos).

El concierto para solista era uno de los géneros más importantes del barroco. Vivaldi trabajó profusamente este modelo de concierto. Sus solistas solían ser violines (aunque tiene una gran cantidad de conciertos para otros instrumentos) ya que el violín era el instrumento de moda del barroco: se acababa de inventar (hacia 1600) y ofrecía mejores posibilidades que los instrumentos de cuerda pulsada renacentistas (más potencia de volumen, más agilidades técnicas, más facilidad de lectura y recursos diferentes y nuevos).

Además, estos conciertos de Vivaldi, Las cuatro estaciones, fueron de los primeros ejemplos de música programática. La música programática es aquella que intenta trasmitir al oyente una sensación extramusical, es aquella que está basada en alguna historia o hecho fuera de la propia música, e intenta transmitirlo. El punto de esta música está en que no se trabaja directamente sobre una idea musical sino que se trabaja sobre una idea de otro tipo (literaria, de la naturaleza, histórica) y en función de esta idea no musical el compositor crea una música que hace referencia a dicha idea. En este caso quiere transmitir la sensación de invierno y para ello utiliza los trinos del principio, muy dramáticos, haciendo referencia al resbaladizo hielo.

En el barroco hay algunos ejemplos de música programática, ya que daban mucha importancia a la teatralidad, aunque puede que no se plantearan mucho la idea de “programático” y la diferencia musical y filosófica (estética) que existe entre ambos conceptos de música. Será en el romanticismo y postromanticismo cuando este tipo de obras triunfen, y se tenga una conciencia de esta diferencia, creándose verdaderas disputas filosóficas en torno a qué tipo de música era “la verdadera”. El pistoletazo de salida lo dio Beethoven con su sinfonía sexta, Pastoral, y a partir de ese momento comenzaron las disputas entre los defensores de la música pura y los de la música programática. Hay muchos ejemplos de programática: desde la sinfonía escocesa de Mendelsohn, los poemas sinfónicos de Liszt, las sinfonías de Berlioz, hasta las sinfonías de Mahler (en cierta medida) o los poemas sinfónicos de R. Strauss. Aun hoy siguen existiendo ejemplos de composiciones programáticas.

Un feliz invierno y que disfrutéis del video

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